Cuando el calor se va, en los primeros fríos del Otoño, todos los becerros de la dehesa son agrupados y encerrados para ser marcados a fuego. Son mañanas de trabajo e ilusiones, días de fijarse ya en el comportamiento de esos pequeños que harán que el ganadero comience a descubrir retales de bravura de los futuros toros. Esta acción se remonta a tiempos lejanos donde se marcaban a fuego para diferenciar el ganado de unos y otros, cuando no existían las alambradas y el ganado pastaba libremente. Se les marca con el numero del becerro en el costillar, el año de nacimiento en la paletilla y el hierro o figura de la casa en el jamón.
sábado, 27 de octubre de 2012
EL HERRADERO
Cuando el calor se va, en los primeros fríos del Otoño, todos los becerros de la dehesa son agrupados y encerrados para ser marcados a fuego. Son mañanas de trabajo e ilusiones, días de fijarse ya en el comportamiento de esos pequeños que harán que el ganadero comience a descubrir retales de bravura de los futuros toros. Esta acción se remonta a tiempos lejanos donde se marcaban a fuego para diferenciar el ganado de unos y otros, cuando no existían las alambradas y el ganado pastaba libremente. Se les marca con el numero del becerro en el costillar, el año de nacimiento en la paletilla y el hierro o figura de la casa en el jamón.
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